martes, 9 de abril de 2013
El crecimiento demográfico en América y las desigualdades economicas
América se estaba desarrollando a gran velocidad y vivía en gran ebullición.
En 1790, vivían en las ciudades menos de un millón de americanos,
en 1840 la cifra llegaba a los 11 millones. Nueva York tenía, en el año
1820, 130.000 habitantes, y un millón en 1860. Y a pesar de que el viajero
Alexis de Tocqueville había expresado su asombro ante "la igualdad general
de condición entre sus habitantes", tal observación no coincidía con los
hechos.
En Filadelfia, vivían cincuenta y cinco miembros de familias obreras
por vivienda. Normalmente había una familia por habitación, y no tenían
ni sistema de eliminación de desechos, ni lavabos, ni aire fresco, ni agua.
Existía un nuevo sistema de bombeo de las aguas del río Schuylkill, pero
iban destinadas a las casas de los ricos.
En Nueva York se podía ver a los pobres echados en las calles entre la
basura. No había desagües en los barrios bajos, y el agua fecal se acumulaba
en los patios y en los callejones, filtrándose a los sótanos donde vivían
las familias más pobres y trayendo consigo las epidemias de fiebre tifoidea
-en 1837- y la de tifus -en 1842. Durante la epidemia de cólera de 1832,
los ricos huyeron de la ciudad, los pobres se quedaron y murieron.
El gobierno no podía contar con esos pobres como aliado político Pero
ahí estaban -como los esclavos o los indios-, normalmente invisibles. Sólo
representaban una amenaza si se rebelaban. No obstante, existían ciudadanos
con más peso que sí podían dar su apoyo estable al sistema se trataba
de los obreros mejor pagados y de los terratenientes agrícolas También
estaba el nuevo trabajador urbano de cuello blanco, nacido del creciente
comercio del momento Se le prestaba suficiente atención y se le pagaba
lo bastante como para permitir que se considerase miembro de la
clase burguesa, y para que diese su apoyo a esa clase en tiempos de crisis.
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